Cristóbal Concha
Mathiesen

Diseño · Dirección de arte · UX/UI · Innovación

Un libro es una interfaz. También lo son un índice, una serie estadística, una infografía y el recorrido de una sala: todos son el lugar donde la información se encuentra con alguien que quiere entenderla.

Treinta años de trabajo en ese punto de encuentro, casi siempre dentro de equipos que sabían de sus materias mucho más que yo. Diseño editorial, dirección de arte, visualización de información, museografía, web y, ahora, sistemas e inteligencia artificial aplicada. Cambió el soporte; el problema es el mismo.

Estuve a cargo de equipos durante años, y de ahí queda sobre todo el hábito de mirar un proyecto completo antes de empezarlo. Lo que busco ahora es estar en el trabajo mismo: diseñar, construir, resolver.

Retrato de Cristóbal Concha Mathiesen.
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Proyectos seleccionados

Seis casos que muestran el recorrido desde el diseño editorial hacia los sistemas visuales, digitales y operativos.

Econut

Trabajo transversal de innovación: llevar procesos que vivían en papel, planillas y costumbre hacia herramientas digitales que la gente efectivamente usa.

El encargo no es construir tecnología sino traducir. Escuchar cómo trabaja cada área, entender dónde se pierde tiempo o información, y devolver una herramienta que resuelva eso sin obligar a nadie a cambiar de oficio. Quien sabe del proceso es siempre la persona que lo ejecuta; el aporte del diseño está en ordenar lo que esa persona ya sabe: qué se muestra, en qué orden, con qué nombre y con cuánta fricción.

  • Desarrollo e integración de software interno
  • Automatización de tareas administrativas y operativas
  • Digitalización de procesos productivos
  • Incorporación de inteligencia artificial en distintas áreas
  • Diseño de interfaces y sistemas de uso cotidiano
  • Coordinación de desarrollos y contrapartes técnicas

Es la continuación de treinta años ordenando información. El material cambió de soporte; el problema es el mismo.

Análisis de calidad por imagen

Un ejemplo de lo anterior. La clasificación de color de la nuez se hacía a ojo, comparando contra una carta física, y el resultado dependía de quién mirara y con qué luz. La herramienta fotografía la bandeja completa, detecta cada unidad, mide su color en un espacio de referencia y entrega la distribución del lote con su porcentaje, su superficie y su nivel de confiabilidad.

El trabajo de diseño no está en el algoritmo sino en la ficha, y las decisiones salieron de mirar cómo trabaja quien clasifica: que lo primero que se vea sean tres cifras y no una tabla, que cada unidad aparezca clasificada individualmente para poder discutir un caso puntual, y que los rangos del estándar queden a la vista, para que nadie tenga que confiar a ciegas en un resultado.

Ficha de análisis de calidad con distribución de color, porcentajes y clasificación por unidad.
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Ficha de análisis. Unidades, color dominante y confiabilidad arriba; luego la distribución, los rangos del estándar y la clasificación individual de cada unidad.
Vista de depuración de la cuadrícula, con la silueta detectada de cada unidad.
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Vista de verificación: la silueta detectada de cada unidad y la zona efectivamente medida. Permite auditar el resultado en vez de aceptarlo como una caja negra.

Museo Interactivo Mirador

Diez años en el equipo que da forma visual a un museo que recibe a cientos de miles de escolares al año.

Mi primer cargo fue encargado de diseño en el área de Comunicaciones, diferenciado del equipo de Museografía. El campo de acción era la marca y todo lo que la sostiene: comunicación institucional, campañas, publicaciones, memorias anuales, programas educativos, formación docente, sitios web y coordinación de producción con proveedores.

Arquitectura de marca

El museo dejó de ser una institución sola para convertirse en tres dentro de un mismo recinto: el Museo Interactivo Mirador, el Museo Interactivo de la Astronomía y el Bosque Adriana Hoffmann, reunidos bajo el Centro Interactivo de los Conocimientos. El sistema resuelve esa relación sin multiplicar marcas: la misma mano se mantiene y muta según el ámbito —estrellas para la astronomía, follaje para el bosque—, con una paleta y una tipografía propia comunes a todo el conjunto.

El concepto es de Felipe Cáceres, entonces asesor de la dirección y luego director de Museografía. La bajada a sistema fue trabajo de equipo, y ahí me tocó participar.

Manual de marca: la marca madre, sus tres submarcas, la paleta corporativa y la tipografía institucional.
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Marca madre, tres submarcas y sus versiones sobre color. La paleta con sus equivalencias y la tipografía institucional en seis pesos.
Aplicaciones del sistema: banderola, gráfica sobre vehículo y tótem de bienvenida.
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Aplicaciones. La prueba de un sistema no es el manual sino el momento en que hay que resolver una banderola, un camión y un tótem con las mismas reglas.

En esta etapa no tuve rol directivo: fui parte del equipo que llevó el sistema a piezas concretas. Después de años a cargo de un área, trabajar desde dentro enseña cosas que desde la jefatura no se ven, y es una posición bastante menos solitaria.

Itinerancias: el museo fuera del museo

Desde que llegué al museo tuve a cargo el sistema gráfico de las itinerancias, el programa que lleva exposiciones interactivas gratuitas a ciudades de todo Chile. Es un museo paralelo: según la memoria de 2021, el programa acumulaba desde el año 2000 unos 261 movimientos a 84 ciudades, cubriendo dos tercios de las localidades del país, con más de dos millones de visitantes.

El área era un territorio limítrofe. Museografía diseñaba y construía la exposición y sus módulos. Lo que quedaba en Comunicaciones era todo aquello que definía cómo se leía esa exposición para un público que no estaba en el museo: las piezas de difusión e interpretación dentro de la muestra —tótems de tres caras que había que resolver cara por cara—, su mantención a lo largo de los movimientos, y todo el material de convocatoria: pasacalles municipales, volantes, correos y las invitaciones firmadas por el alcalde para llamar a la prensa y a las autoridades locales.

Cada destino es una campaña completa que hay que rehacer para otra ciudad, con otro municipio como contraparte y en pocas semanas, con una decena de movimientos al año como piso. Y las piezas se gastan: viajan, se montan, se desmontan y hay que rehacerlas.

La rareza del cargo es también su interés. Una exposición itinerante es el museo mismo en una ciudad donde el museo no existe, así que esas piezas no son difusión sino representación institucional. Había que resolver jerarquía, escala de lectura, distancia y montaje sin controlar el espacio de destino: la misma línea tenía que funcionar en una plaza, en un gimnasio municipal y en un liceo rural. Lo que aguantaba o no lo decía el montaje, no el archivo.

Y cada destino tiene su propia circunstancia. Una itinerancia puede montarse en un colegio, un gimnasio, una casa de la cultura, un municipio o un museo, y esas condiciones no caben dentro de la muestra —que viaja igual a todas partes— pero sí en todo lo que la rodea. Ahí estaba el margen real de trabajo: leer el recinto, el espacio público de esa ciudad y el público que iba a llegar, y ajustar las piezas de sitio, la convocatoria y las actividades. No es lo mismo una itinerancia de matemáticas que una de biología, ni una plaza que un gimnasio municipal.

Es el trabajo que menos se ve en un portafolio y del que más se aprende sobre gestión cultural en territorio: coordinar con una municipalidad, respetar sus protocolos y sus tiempos, y entregar piezas que funcionen tanto en el espacio público como en un correo dirigido a autoridades. Cada movimiento depende de gente del municipio que conoce su ciudad; ignorarlos es la manera más rápida de que una itinerancia salga mal.

El camión del MIM Móvil embarcando en un transbordador.
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El MIM Móvil embarcando. Cada movimiento implica trasladar la muestra, montarla en un recinto que no se controla y rehacer la convocatoria para esa ciudad.

Memorias institucionales

Ediciones anuales sucesivas a lo largo de la década. La memoria es un documento incómodo: tiene que ser leída por un directorio, por un ministerio y por el propio equipo, y cada uno busca cosas distintas en las mismas páginas.

La de 2021 buscó resolver esa tensión desde la identidad del propio museo. El logotipo está armado con las mismas formas geométricas que la escultura de la fachada, de modo que la marca impresa y el objeto construido son la misma cosa. Una trama de puntos que se abre y se cierra recorre portada, índice y aperturas de capítulo, y da continuidad a un documento de casi ochenta páginas sin repetir el logo.

Portada de la Memoria 2021 del Museo Interactivo Mirador.
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Memoria 2021. Las siglas del museo compuestas con formas geométricas planas.
Apertura de capítulo con la escultura del logotipo montada en la fachada del museo.
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Apertura de capítulo: las mismas formas, ahora en la fachada. La trama de puntos sirve de zona de contacto entre la foto y el rótulo.
Doble página de índice con cinco capítulos jerarquizados.
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Índice. Cinco capítulos y tres niveles de jerarquía en una doble página, para que la escala del año se entienda antes de leer nada.
Doble página de editoriales, con texto a tres columnas y fotografías.
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Editoriales de apertura. Retícula de tres columnas, capitular de color e imágenes que sostienen el texto sin interrumpirlo.

Fue además la segunda memoria que construí como documento interactivo: navegación y animación resueltas tanto en la publicación digital de InDesign como en el PDF exportado. Un índice de cinco capítulos y setenta y seis páginas deja de ser una lista y pasa a ser un mecanismo de acceso.

Y deja a la vista el conjunto del año: el aula virtual y el programa de perfeccionamiento docente, MIM Educa, las visitas interactivas virtuales, las itinerancias, el MIM Móvil y las salas nuevas. Cada uno de esos programas necesitaba identidad, materiales y plataforma, y todos pasaban por diseño. Es la mejor medida de la escala del trabajo.

La de 2023 fue la última que dirigí, ya bajo una nueva línea visual institucional definida para ese período.

Doble página con el plano isométrico del Centro Interactivo de los Conocimientos y sus diecisiete puntos numerados.
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El plano resuelve en una imagen lo que el texto no puede: dieciséis hectáreas, diecisiete puntos y la relación entre ellos. Un recorrido convertido en información legible.
Portadilla de capítulo con fotografía en duotono y numeración.
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Portadillas de capítulo. Un duotono distinto por sección ordena la lectura de un documento largo.
Doble página del capítulo Amistad, con fotografía a sangre y texto en columna.
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Imagen a sangre contra una columna de texto: el mismo esquema sostiene todos los capítulos de la edición 2023.

Objetos: vestuario, premios y merchandising

Una parte del trabajo del museo no ocurre en la página ni en la pantalla, sino en el objeto, y esa línea estuvo a mi cargo. Diseño de vestuario. Objetos lúdicos de regalo. Los obsequios y galvanos que el museo entrega a autoridades y al Premio Nacional de Ciencias, con sus estuches. El merchandising conmemorativo de las fechas institucionales. Nada de eso se resuelve sin proveedores que conocen su oficio y corrigen lo que en el papel parecía posible.

Es un trabajo distinto del editorial y del digital, porque el objeto se toca, se guarda o se bota. Una pieza gráfica mal resuelta se pasa por alto; un objeto mal resuelto queda abandonado en un cajón, y eso se nota.

Estos marcalibros del 8 de marzo de 2023 llevan tres generaciones de mujeres tomadas de la mano y una pestaña troquelada con el nombre de cada persona. Es un objeto de costo mínimo, pero la personalización cambia su naturaleza: deja de ser un souvenir y pasa a ser un regalo, y por eso se conserva.

Marcalibros del 8 de marzo con ilustración de tres generaciones de mujeres y pestaña personalizada.
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Marcalibros, 8 de marzo de 2023. La ilustración avanza a lo largo de la pieza y la pestaña de color sale del formato para llevar el nombre.

Tres etapas de la web del museo

Desarrollé o dirigí las tres versiones sucesivas del sitio institucional. La primera, de 2015, la construí íntegramente en Joomla. La segunda, de 2020, la desarrolló una empresa externa bajo mi dirección. La tercera, de 2024, fue la interpretación web de una nueva identidad institucional. Puestas una junto a otra se ve el recorrido: de una portada compuesta como una página impresa, a una jerarquía de bloques con recorridos de visita, a una arquitectura que ordena tres instituciones bajo un mismo techo.

Las tres versiones sucesivas del sitio web del museo, capturadas en 2017, 2022 y 2025.
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Las tres etapas. Las capturas —2017, 2022 y 2025— son muestras representativas entre las pocas disponibles en el Internet Archive: corresponden a momentos dentro de la vigencia de cada versión, no a su fecha de lanzamiento.

Buscador curricular para docentes

La primera web incluyó una herramienta que permitía a un profesor cruzar asignatura y nivel escolar para identificar qué módulos y contenidos del museo servían a sus objetivos curriculares. No era una búsqueda pasiva: era una manera de planificar la visita antes de llegar. La construí adaptando un buscador de productos y trabajando directamente sobre PHP.

En paralelo desarrollé la línea visual y los libros del programa de formación continua para profesores, de modo que la identidad, el material impreso y la herramienta web funcionaran como un solo sistema.

Interfaz del buscador de relaciones curriculares para docentes.
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Buscador de relaciones curriculares. El profesor elige nivel y asignatura y obtiene los módulos del museo que sirven a sus objetivos, con respaldo descargable en PDF. Los contenidos se referencian a las Bases Curriculares del Ministerio de Educación.

Museografía

Más adelante fui transferido al equipo de Museografía, donde trabajé con Felipe Cáceres. Ahí amplié mi trabajo hacia el diseño de contenidos expositivos: tipografía en el espacio, materialidad, escala y piezas pensadas para leerse de pie y en movimiento. Fue una ampliación de oficio más que un cambio de rubro.

Antes de ser diseñador estudié música, y de ahí viene una idea que llevé siempre a la discusión museográfica. Un compositor no escribe una obra como una suma de piezas: la escribe en movimientos, con una dinámica que levanta al oyente, lo deja reposar y lo vuelve a levantar. Una sala también se recorre en el tiempo, y por lo tanto también tiene ritmo, tensión y descanso.

Si eso es cierto, el recorrido se puede observar: cómo circula un visitante, cuánto se detiene frente a un módulo, cuáles no visita nadie. Preguntarle al público no sería control de calidad al final del proceso, sino la manera de saber si la obra está sonando. Es una convicción que sostuve más de lo que logré demostrar.

MIM en Casa

Un museo cerrado por la pandemia que en dos semanas tuvo que existir de otra manera.

Con el edificio clausurado y el equipo disperso en sus casas, el museo necesitaba seguir llegando a estudiantes, docentes y familias de todo el país. MIM en Casa se creó y se lanzó contra reloj: identidad visual, contenidos web y presencia coordinada en YouTube, Instagram y TikTok. Lo notable no fue el diseño sino que un equipo entero, trabajando desde sus casas y sin ensayo previo, sostuviera una pauta semanal durante dos años.

Sección MIM en Casa del sitio del museo, con su menú desplegado y siete subsecciones.
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MIM en Casa no fue una campaña sino una sección completa del sitio, con entrada propia en el menú y siete segmentos: Desafíos, MIM Lab, Pregúntale a, Manos a la Ciencia, Un Día, ¿Qué hay adentro? y Demos. Una portadilla los presenta juntos y, desde cada uno, el menú lateral da acceso directo a los otros seis. El sistema de íconos pertenece a la identidad institucional desarrollada por la agencia Felicidad. Captura del Internet Archive, mayo de 2020.

La pauta se organizó sobre efemérides científicas, lo que dio un calendario y un motivo para publicar cada semana. A partir de los materiales que producían las distintas áreas del museo, armamos familias de videos breves y piezas gráficas que pudieran fabricarse de forma remota y sostenerse en el tiempo. Los facilitadores grababan desde sus casas y cada segmento recibió su propia estructura gráfica: la misma cabecera, el mismo lugar para el número, el título y el crédito.

La estructura se resolvió en dos movimientos. Una portadilla que presenta los siete espacios juntos, para que se entienda de una vez la escala de lo disponible. Y, dentro de cada espacio, un menú lateral permanente con acceso directo a los otros seis, de modo que nadie tenga que volver al índice para cambiar de tema. Una reducción del costo de clic; la diferencia entre siete páginas sueltas y algo que se recorre.

El lenguaje visual de los íconos venía de la identidad institucional del museo, desarrollada por una agencia externa. La arquitectura de la sección, la navegación y su construcción fueron trabajo propio. Los contenidos los produjeron las áreas del museo: educación, museografía, mediación.

Sección MIM Lab del sitio web, con cuatro experimentos presentados en círculos de color.
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MIM Lab. Cada experimento se identifica por color y por un ícono que resume el fenómeno, sin recurrir a miniaturas fotográficas.
Sección Manos a la ciencia, con seis videos numerados y acreditados a facilitadores del museo.
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Manos a la ciencia. Un encabezado común numera cada video, lo titula, lo ilustra y acredita al facilitador que lo conduce.
  • Identidad visual del programa
  • Contenidos y arquitectura web
  • Familias de video breve y piezas gráficas
  • Pauta editorial de efemérides científicas
  • Coordinación remota entre áreas
  • Adaptación de contenidos museográficos y educativos

El programa permitió cumplir los compromisos ministeriales durante el cierre y dejó al equipo de Comunicaciones profesionalizado en el manejo de redes sociales, algo que hasta entonces se hacía de manera intuitiva.

Pieza de la serie #UnDía dedicada a Charles Richter y la escala sísmica.
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Serie #UnDía. Cada pieza cruza una efeméride científica con una actividad para hacer en casa, sobre una estructura fija que admite ilustración, vector o fotografía tratada.
Pieza de la serie #UnDía sobre el primer vuelo del transbordador Columbia.
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Pieza de la serie #UnDía sobre Samuel Morse y el código Morse.
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Durante 2021 el programa publicó 98 cápsulas y el museo consignó sus cifras en la memoria de ese año: 12,7 millones de personas alcanzadas, 1,5 millones de reproducciones de video y 330 mil seguidores en redes. Las dos primeras cuentan solo Facebook, así que son un piso: no incluyen YouTube, Instagram ni TikTok. La cuenta de TikTok del museo, estrenada en septiembre de ese año, sumó por sí sola más de 70 mil seguidores y 11 millones de visualizaciones antes de que terminara 2021, con videos que superaron individualmente los tres millones de reproducciones.

Infografía con las cifras de alcance, reproducciones y seguidores del programa en 2021.
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Cifras del programa en la memoria institucional 2021, con la nota al pie que acota su alcance a una sola red. Tres datos, tres íconos y una barra por dato: lo mínimo para que una cifra grande se lea de un vistazo.

El programa dejó de alimentarse tras un cambio de dirección institucional, y el sitio del museo fue reconstruido después bajo otra marca. Las cifras citadas provienen de la memoria institucional de 2021.

Instituto Nacional de Estadísticas

Un sistema de diseño antes de que se llamara así: criterios comunes para más de cien publicaciones periódicas.

La relación empezó desde MCyA, donde trabajé en los informes de empleo e IPC y en el interactivo del Censo 2002. Después, ya como encargado de diseño de la institución, dirigí la modernización y estabilización de la línea gráfica.

El problema de fondo no era estético sino de gobernanza: cada unidad publicaba con sus propios criterios, y el lector tenía que reaprender a leer en cada documento. Se construyó el primer sistema transversal de estilos y usos gráficos, con reglas comunes para tablas, gráficos, cifras, notas y jerarquías editoriales. Un sistema así no se impone: se acuerda unidad por unidad, y eso toma más tiempo que diseñarlo.

  • Sistema transversal para más de cien publicaciones periódicas
  • Normalización de tablas, gráficos y cifras
  • Jerarquías editoriales para contenidos de análisis
  • Informes de empleo e IPC
  • Proyectos multimedia y de consulta de datos

Ahí aprendí a pensar en sistemas y no en piezas sueltas, y a entender la visualización de datos como un problema de lectura antes que de decoración.

Durante años, en cada medio donde dirigí un área de diseño, a los estudiantes en práctica les hacía la misma prueba. Unas preguntas de oficio —cuatricromía, preprensa, lo que hay que saber para que algo llegue impreso— y una última, siempre igual: tres conjuntos de datos, y elegir qué gráfico le corresponde a cada uno.

  • Tres o cuatro porcentajes que suman cien
  • Una serie histórica
  • Dos series comparadas

No era una pregunta técnica. Quien entiende que cada conjunto de datos tiene una forma que le corresponde ya está diseñando; el oficio se enseña después. Esa respuesta me decía más que cualquier álbum de trabajos — y varias veces me hizo ver que la persona sabía cosas que yo no.

Antes y después: el Anuario de Turismo

La misma publicación, tres años de distancia. La edición de 2004 es anterior a mi llegada; la de 2007 ya se rige por el manual de estilo. La comparación no es de gusto: cambian las reglas de tabla, el tratamiento de los gráficos, el espaciado del texto y los pares de kerning. Con eso cambia lo que el lector puede hacer con la página. Queda a la vista de quien mire.

Portada del Anuario de Turismo 2004.
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2004. Cuatro fotografías apiladas sin relación entre sí y dos logotipos de tamaños distintos en la esquina.
Portada del informe anual de Turismo 2007.
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2007. Una imagen conductora, una retícula de módulos donde la fotografía es un dato más, y una franja de pie que identifica a la familia entera: Las estadísticas de Chile.
Página del anuario 2004 con una tabla de exportaciones.
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2004. Tabla encajonada en filetes, texto justificado con ríos, y la cifra compitiendo en peso con el rótulo.
Página del informe 2007 con la misma tabla y un gráfico de barras.
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2007. La tabla pierde las cajas y gana bandas: se lee por filas, que es como se consulta. El gráfico entra numerado, con título y una sola tinta.
Gráfico de torta en perspectiva del anuario 2004.
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2004. Torta en perspectiva y con volumen: la inclinación deforma las áreas y los porcentajes dejan de ser comparables a ojo.
Gráficos del informe 2007, de líneas y de torta plana.
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2007. Torta plana, en escala de grises, con las etiquetas afuera y unidas por línea. La proporción vuelve a ser legible.

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Las dos ediciones completas

Ambos anuarios están disponibles para revisar la comparación entera, no solo las páginas escogidas. Son publicaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y el Servicio Nacional de Turismo.

Iconografía de mitos y leyendas de Chile

Una pinacoteca impresa: el libro pensado para que las pinturas se miren, no para que se hojeen.

El proyecto tomó cerca de dos años. La decisión central fue de ritmo: dar a cada pintura el espacio y el silencio que pedía, y usar el resto del libro —aperturas territoriales, fichas de personajes, dibujos, texto— como respiración entre una obra y la siguiente. La obra es de Marcela Donoso; el libro solo tenía que dejarla ver.

Buena parte del trabajo fue de reproducción y materialidad: tratamiento de imagen, control de color, elección de papel y preparación de originales. Nada de eso se resuelve sin la imprenta: las pruebas de color y la insistencia del maquinista deciden más del resultado final de lo que un diseñador quisiera admitir.

Ejemplar de Iconografía de mitos y leyendas de Chile fotografiado sobre una superficie de fibra vegetal, junto a los libros de poesía.
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El ejemplar, veinte años después.
Tapa del libro: pintura enmarcada sobre fondo negro y orla ornamental en el canto.
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Tapa. La orla del canto y el encuadre dorado de la pintura fijan el registro del libro entero.
Contraportada y lomo del libro, con el retrato de la autora.
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Contraportada y lomo. Retrato de la autora, texto de contratapa y créditos fotográficos.
Doble página: la pintura ocupa una página completa y la contigua queda en blanco.
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El ritmo del libro: la pintura toma la página entera y la contigua queda en blanco, con el título y las medidas de la obra al pie.
Ficha del personaje Los Duendes, con dibujo a lápiz y texto en cuatro idiomas.
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Ficha de personaje. El texto corre en español, portugués, inglés y francés, jerarquizado por cuerpo y color.
Página de apertura territorial de la Cuarta Región, con dibujo de conjunto.
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Apertura territorial: Cuarta Región, Coquimbo. El dibujo de conjunto anticipa a los personajes del capítulo.

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Publicaciones científicas y académicas

Libros que tienen que ser leídos por investigadores, por funcionarios y por profesores de aula, a veces todos a la vez.

Diseño y diagramación de publicaciones para Ediciones Universidad Autónoma de Chile y para los equipos de investigación de Mahia Saracostti, además de las piezas transversales de la editorial. El problema recurrente es el mismo: un texto científico llega con tablas, notas, citas y niveles de subtítulo que compiten entre sí, y hay que ordenarlos para que un lector pueda saltar, volver y encontrar sin perder el hilo.

Los tres libros están abiertos al público bajo licencia Creative Commons. Cada portada abre el PDF completo; las fichas editoriales incluyen además sinopsis, DOI y versión ePub.

Piezas transversales de la editorial

El trabajo con Ediciones Universidad Autónoma de Chile no fue solo por encargo aislado. Diseñé también el marcalibros que acompaña a todas sus publicaciones: una misma estructura —color propio, sinopsis breve, miniatura de la portada y código QR de descarga— repetida título a título. Puesta en abanico, la colección muestra lo que ninguna pieza aislada puede mostrar: que existe un criterio.

Es el mismo tipo de trabajo que la línea de objetos del museo: piezas pequeñas, de costo bajo y tiraje alto, donde el sistema importa más que el hallazgo.

Marcalibros de Ediciones Universidad Autónoma de Chile desplegados en abanico.
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Marcalibros de la editorial. Cada título recibe su color, y el reverso lleva sinopsis, portada en miniatura y QR de descarga. La variación de color es lo único que cambia.

Compromiso Escolar

Identidad y sistema visual del SIESE, la plataforma de evaluación y seguimiento del compromiso estudiantil desarrollada para la Universidad de La Frontera y la Universidad Autónoma de Chile, bajo la dirección de Mahia Saracostti.

El logotipo busca resolver el nombre en un solo signo: el visto bueno se forma con el vacío de un círculo donde estudiantes y adultos conversan. Compromiso en los dos sentidos, la verificación y el vínculo. De ahí se desprende el resto del sistema: color, iconografía, la rueda de pasos y los materiales de apoyo.

Portada del manual de usuario del sistema SIESE de Compromiso Escolar.
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Manual de usuario del SIESE, construido como PDF interactivo. El mismo sistema gráfico sostiene la plataforma y sus materiales de apoyo.

La pieza central es la rueda de pasos. La metodología —desarrollada por el equipo de investigación, no por diseño— llegaba como un documento denso de seis etapas descritas en prosa. Traducirla a un círculo donde cada paso es a la vez porción del diagrama y botón del menú permitió que el proceso se entienda de un vistazo y se navegue con el mismo gesto, sin tener que leerlo antes para poder usarlo.

Doble página del manual mostrando la página de inicio de la plataforma con la rueda de seis pasos.
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Página de inicio de la plataforma, reproducida en el manual de usuario. La rueda de seis pasos es a la vez diagrama del método y menú de navegación. El manual, a su vez, es un PDF interactivo: el acceso al índice está fijo en cada página.

De ahí se desprende el resto. La rueda se reduce a un indicador de posición en la esquina de cada paso, y convive con un menú desplegable en la barra superior: quien quiere ver el proceso completo usa el círculo, quien ya sabe adónde va usa la lista. Dentro de cada paso, el contenido se pliega en secciones —descripción, preguntas guía, dificultades frecuentes, productos esperados— para que una etapa larga no se lea como un muro de texto.

Doble página del manual con el menú de pasos desplegado y la estructura interna de cada paso.
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Las dos vías de acceso y la estructura interna de un paso, con la rueda reducida a indicador de posición.

El mismo signo vuelve a aparecer en el calendario: cada mes del año escolar lleva el indicador del paso que le corresponde. Diagrama, menú, marcador de posición y mapa del año son la misma forma repetida. Eso es lo que convierte un gráfico en un sistema.

Calendario de actividades con diez tarjetas mensuales, cada una con el indicador del paso correspondiente.
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Calendario de actividades. Diez reuniones a lo largo del año, cada una marcada con el paso del método que le corresponde.

Y una condición que ordena todo lo demás: quien responde el instrumento es un estudiante, a veces de básica. Cada ítem lleva su botón de audio para que la lectura no sea una barrera, y el indicador de avance celebra el tramo cumplido en vez de mostrar cuánto falta. Un cuestionario psicométrico puede intimidar; este tenía que poder completarse solo. Esas condiciones las puso el equipo que sabe de infancia y educación.

Pantalla del instrumento de medición con escala de cinco respuestas, botones de audio por ítem e indicador de avance.
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Instrumento de medición. Escala de cinco respuestas, audio en cada ítem y un indicador de avance que premia lo ya recorrido.

La plataforma ya no se encuentra en línea.

Manual de informes sociales periciales

Proyecto para la Universidad Autónoma de Chile. Documento técnico de uso profesional, donde la claridad de la estructura importa más que cualquier decisión expresiva. Título completo y créditos por precisar.

Dirección de arte en medios

Veinte años de prensa escrita, entre revista, diario económico y diario de circulación nacional.

Qué Pasa · Diario Financiero · La Nación

Diseñar para un cierre diario es otro oficio: el sistema tiene que resolver mañana, con el material que llegue, a la hora que llegue. Y lo resuelve un equipo completo — diseño, infografía, fotografía — que trabaja mientras la edición todavía se está cerrando.

Empecé en la revista Qué Pasa, en el equipo de diseño, y asumí la jefatura de Arte cerca de un año después, bajo la dirección de Cristián Bofill. Ahí se aprende el oficio: cierre semanal, jerarquías que hay que resolver rápido y un espacio que todavía no se sabe usar bien. Luego siete años como Editor Gráfico del Diario Financiero, incorporado por invitación de Roberto Pulido para la renovación editorial del diario. Y entre 2007 y 2010, la Dirección de Arte de La Nación, con los equipos de diseño, infografía y fotografía a cargo.

En La Nación se rediseñó La Nación Domingo y sus suplementos, entre ellos La Cultura Domingo, un trabajo que me tocó conducir. El sistema se apoya en cuatro columnas: tres de contenido y una que se deja en blanco y sostiene destacados, citas y aperturas. Esa columna vacía es lo que permite que una página densa respire y que el lector encuentre por dónde entrar sin leerlo todo.

Página del suplemento La Cultura Domingo de La Nación Domingo, mayo de 2010.
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La Cultura Domingo, suplemento de La Nación Domingo. Edición del 23 al 29 de mayo de 2010, página 46. Tres columnas de contenido y una cuarta en blanco que sostiene el título vertical, las citas y el destacado de cierre.

Material gráfico del Diario Financiero pendiente de recuperación desde archivo en papel.

Obra editorial y proyectos de autor

Un libro de patrimonio intercultural y dos de poesía, donde el diseño trabaja al servicio de la voz de otro.

Sueños Ancestrales

Antología intercultural con relatos de las culturas diaguita, colla, lickanantay, chango, kawésqar y yagán.

Participé en el diseño editorial inicial: lenguaje visual, relación entre texto e ilustración y las primeras decisiones de estructura. Entre ellas, un índice de uña —un color y una franja en el canto por cada pueblo— que permite saltar de una cultura a otra sin volver al índice. Las etapas posteriores fueron trabajadas por la editorial.

Portada y contraportada desplegadas del libro Sueños Ancestrales.
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Cubierta completa. La contratapa alinea el texto a la derecha y deja flotar las hojas de loto como contrapunto de la ilustración principal.
Portadilla del capítulo dedicado al pueblo de los changos, con el índice de uña en el canto derecho.
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Portadilla de capítulo. Un color por pueblo, un objeto ilustrado y un campo casi entero en vacío.
Doble página del relato La balsa de cuero de lobo, con dos columnas de texto y la ilustración a sangre.
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El color del pueblo se extiende bajo el texto y la ilustración toma la página impar a sangre. Relato e imagen sobre el mismo campo.
Doble página donde cierra un capítulo en blanco y abre el siguiente en color.
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La juntura entre dos pueblos: el capítulo cierra en blanco con un objeto y enfrente abre el color del siguiente, con la franja de canto desplazada.
Doble página del relato Las canoas yagán, con cuatro columnas de texto y la ilustración cruzando el lomo.
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Otra orquestación del mismo sistema: cuatro columnas cruzan la doble página y la ilustración corre por la banda inferior atravesando el lomo, sosteniendo el texto. El amarillo del título es el mismo del fuego en la canoa, única nota cálida del campo azul.

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antesdeayer

Primer libro de poesía de la autora, con sus propios dibujos. Veinte años después vendría Campos de Niebla, que retoma este mismo planteamiento.

Los dibujos no acompañan al poema: lo enfrentan. Son tintas de trama muy cerrada, casi grabados, que ocupan tanta página como el texto y a veces más. El trabajo de diseño consistió en darles ese lugar sin que el poema quedara arrinconado.

El sistema es constante y la puesta en página no se repite nunca. Un folio con el nombre de la autora a la izquierda, el título a la derecha y el número en una pequeña pestaña al centro sostiene todo el libro; dentro de ese marco, cada poema se arma distinto según lo que pide su dibujo. Uno alinea el texto a la derecha contra una franja vertical estrecha; otro deja la imagen ocupar la página entera y el poema baja a cuatro columnas cortas.

Es la misma idea que gobierna todos los libros de esta sección: una estructura que se mantiene y una orquestación que cambia.

Tapa del libro antesdeayer, en cartulina coral con orla plateada.
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Tapa. Una orla de trazo griego en plata y un dibujo apenas insinuado bajo el color: la ilustración está, pero hay que buscarla.
Página con el poema diez alineado a la derecha junto a una franja vertical ilustrada.
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El poema alineado a la derecha contra una franja vertical estrecha, y el dibujo ocupando el resto de la página.
Página con un poema en columna a la izquierda y un dibujo a tinta a la derecha.
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Otra disposición: el poema en una columna a la izquierda y el dibujo tomando la mitad derecha de la página.
Página con la ilustración arriba y el poema en cuatro columnas breves abajo.
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Y una tercera: la imagen arriba, el número entre viñetas y el poema repartido en cuatro columnas breves.

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Campos de Niebla

Segundo libro de poesía de la autora, dos décadas después de antesdeayer y de la misma familia. Los créditos registran mi trabajo en dos oficios: diseño y música.

La continuidad con el primer libro está en el planteamiento —poema e ilustración de la misma mano, enfrentados en la página— y la diferencia está en la técnica. Donde antes había tintas de trama cerrada, aquí hay acuarela y línea suelta. El diseño acompaña ese cambio: más aire, menos densidad, un pulso más lento.

Cada poema lleva un código QR que abre una pieza musical compuesta para ese texto. La decisión de diseño fue no tratarlo como un anexo técnico: el código va acompañado de una clave de sol, con el mismo peso y la misma delicadeza que el poema, de modo que se lea como parte de la composición de la página y no como una etiqueta pegada encima.

El resto es contención. El poema ocupa la página par en columnas breves, el dibujo toma la impar, y entre ambos hay más blanco que tinta. Un libro de poesía se lee despacio, y el espacio es lo que impone esa velocidad.

Cubierta completa de Campos de Niebla, con acuarela de la autora.
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Cubierta. La acuarela se desvanece hacia los bordes en vez de recortarse contra ellos: la niebla del título hecha materia gráfica.
Doble página con un poema, su código QR musical y un dibujo a tinta.
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El QR va junto a una clave de sol, al mismo peso que el poema. Enfrente, el dibujo a tinta de la autora ocupa la página impar.
Página de créditos y portadilla del libro.
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Créditos y portadilla. La página de derechos, habitualmente relegada, se compone con el mismo cuidado que el resto.

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Trayectoria

Algunos períodos tempranos están datados de forma aproximada.

2024 — actualidad

Econut

Encargado de Innovación. Transformación digital, automatización e inteligencia artificial aplicada.

2014 — 2024

Museo Interactivo Mirador

Encargado de diseño en Comunicaciones y, posteriormente, en Museografía.

2010 — 2014

Trabajo independiente

Proyectos editoriales y publicitarios.

2007 — 2010

Empresa Periodística La Nación

Director de Arte. Dirección de los equipos de diseño, infografía y fotografía; producción diaria y ediciones especiales de La Nación Domingo.

2005 — 2007

Instituto Nacional de Estadísticas

Encargado de diseño. Sistema gráfico institucional y normalización editorial.

2002 — 2005 aprox.

MCyA

Socio y productor en el atelier de diseño de Martín Concha. Proyectos para el INE, entre ellos los informes de empleo e IPC y el interactivo del Censo 2002.

1995 — 2002 aprox.

Diario Financiero

Editor Gráfico durante cerca de siete años. Incorporado por invitación del entonces director Roberto Pulido para la renovación editorial del diario.

1990 — 1995 aprox.

Revista Qué Pasa · Grupo Copesa

Ingreso al equipo de diseño y ascenso a jefe de Arte cerca de un año después, bajo la dirección de Cristián Bofill.

Primeros años

PYESA

Diseño editorial en series como Hechos y Paradigmas.

Formación

Generación 2022

Máster en Diseño de Experiencia de Usuario, Usabilidad e Interfaces

Three Points / Instituto Politécnico de Cataluña.

1988 — 1990 aprox.

Estudios de Música

Facultad de Artes y Ciencias Musicales, Universidad de Chile. Beca de mérito. Carrera no concluida.

Contacto

Conversemos sobre el proyecto.

Teléfono

+569 3266 1971

Ciudad

Santiago de Chile

Currículum

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